La historia que les voy a contar es verídica, y sucedió cuando tenía 16 años: mi nombre es Erika, y vivo en Lima, específicamente en Miraflores. Hoy tengo 24 años y recuerdo esta historia con mucho placer.

Soy bajita , un metro 55, pero tengo un muy buen par de tetas y un trasero paradito que hace que la gente siempre voltee a verlo, a mi me encanta y hace que me sienta muy bien.

Bueno, volviendo a la historia, acababa de cumplir 16 años y recién me había salido mis tetas, antes era plana pero de un momento a otro, en pocos mese pude ver que la gente, sobretodo los chicos del cole, me miraban distinto. De niña practiqué ballet por varios años, eso me dio elasticidad y un buen par de piernas. En el colegio yo era deportista, y me gustaba participar en las carreras, hasta que un día en plena competencia noté que los chicos me veían y aplaudían al ver el bamboleo de mis pechos, grandes y duros, que con el calor y el sudor se transparentaban en el polo que tenía puesto. Ese día sentí un poco de vergüenza, pero mucho placer y gusto al ver que mi cuerpo gustaba sobretodo a los chicos.

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Entro en la cocina, me dirijo hacia mi hermana, está de espaldas a mí, ella sabe que me acerco, veo como echa el culo hacia atrás, hacia mí, me aproximo hasta que nuestros cuerpos se rozan, mi mano va rápidamente a su hermoso culo, se lo empiezo a acariciar, ella sigue preparando la comida, le subo despacio, muy lentamente la falda, mientras hago esto, la acaricio suavemente los muslos y su entrepierna, llego a sus glúteos, duros, tersos, respingones, noto el elástico de sus braguitas, deslizo uno de mis dedos por debajo de estas, delicadamente introduzco mi mano entera por debajo de sus braguitas, ahora tengo mi mano entre su piel y sus braguitas, ella se estremece, siente que me acerco a su sexo, noto que su respiración se altera, noto como ralentiza su manipulación de los alimentos, ahora mi manos, mis dedos, se abren camino hacia su sexo, ella responde abriéndose de piernas, ambos permanecemos de pie en la cocina, aproximo mi cara a la suya, le mordisqueo débilmente la oreja, ella respira hondo, gime muy levemente. Mi mano sigue su camino, llego a su sexo, que delicia, está mojado, ella responde echando más atrás su culito, ofreciéndomelo mejor, gime de nuevo muy bajito, yo le digo:

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Por motivos obvios, alteraré los detalles reales de lugares, fechas, nombres, o cualquier otro dato que pueda identificar a cualquiera de los protagonistas de esta historia.

Me llamo Luis, en aquellas fechas contaba con 21 años, y residía junto a mi madre en una población rural de montaña.

Mi madre, Ana, de 48, había enviudado dos años atrás, se trataba de una atractiva señora, morena, pequeña de estatura, anchas caderas y voluminoso pecho, algo rellenita para los cánones actuales de belleza, pero lo suficientemente seductora como para haber tenido que rechazar más de una vez, las pretensiones sexuales de algún que otro conocido del lugar, que ávidos de sexo, creían que una viuda como ella no podría vivir sin volver a practicarlo.

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Era de madrugada cuando mi adorable madre me despertó y me pidió que me vistiera y me fuera a mi cama. Soñoliento como estaba, me tuvo que ayudar a vestirme y me acosté para volver a quedarme dormido. Cuando desperté, todas estaban levantadas. Entré en la cocina y allí estaban, desayunando y charlando.

-¡Vaya, ya está aquí mi gran sobrino! – Me sonrió mi tía Paula. – ¡Anda dame un beso!

Me acerqué a ella y la besé. Laura me pidió lo mismo y le correspondí. Ya que estaba, seguí y le di otro beso a mi abuela y por último me crucé con mi madre, la agarré por su deliciosa cintura para pararla y la besé en la mejilla. Me senté y no tenía ganas de desayunar. Todas acabaron y se vistieron para marchar a sus trabajos.

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Diana se bajo del taxi, apremiando a su marido, para que también lo hiciera lo antes posible.

Habían llegado por fin al aeropuerto, y ella tenía prisa por ponerse en la cola, para embarcar las maletas, conseguir sus asientos y empezar a relajarse de una vez.

Llevaban mucho tiempo esperando estas vacaciones, se les había hecho bastante difícil organizar todo, dejar a la niña con los abuelos, conseguir las fechas de descanso los dos la misma semana, y convencer a su marido de que por una vez, irían a un sitio tranquilo, a Canarias, sin otro objetivo que disfrutar del buen tiempo, tumbarse en la playa y dejar que pasara el tiempo. Nada de senderismo, nada de visitas a la ciudad, de excursiones organizadas, nada de salir a un restaurante, nada de nada, simplemente quedarse en el hotel, donde estaba todo incluido, precisamente para escapar a otro tipo de experiencias, que, por lo menos aparentemente por una vez, según su gusto, iba a conseguir Seguir leyendo este articulo »

Soy una estudiante de universidad, tengo 19 años, vivo sola en un pequeño apartamento. Una tarde, tenía que hacer un trabajo con una de mis compañeras. Yo soy alta, de muy buen cuerpo, pelo negro y ojos cafés. Mi compañera, llamada Sandra es rubia, de ojos claros, tiene unos senos grandes y una cola muy llamativa.

Pasamos toda la tarde haciendo el trabajo y cuando terminamos ya era tarde para que se fuera sola, así que le dije que se podía quedar en mi casa, pero tendría que dormir en el sofá, ella estuvo de acuerdo. Como ya habíamos acabado, Sandra me dijo que si podía usar el computador y yo le dije que por supuesto. De inmediato entró a una página pornográfica y yo me hice la que no había visto nada. Luego me dijo- Quieres ver? A lo que le conteste – No gracias. Ella se di la vuelta y siguió mirando… mientras tanto, yo estaba mirando televisión, cuando la mire, noté que una de sus manos estaba por dentro de su pantalón, y que sorpresa me lleve cuando me di cuenta que estaba viendo porno lesbi. Traté de no prestar atención y simplemente le dije que me iba a bañar porque hacía calor, ella solo dijo que si y siguió en lo suyo.

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25 agosto, 2010

Había ido al departamento clandestino de Enzo Domingo.Della Chiesa, uno de mis clientes. Clandestino porque es un lugar de trampa, donde esconde sus infidelidades a su amadísima esposa. Enzo es un matarife ordinario y exigente que tiene una verga gorda. Gorda y cabezona. De esas que hacen doler. El tipo es sádico. Muy sádico. Le encanta, más que nada en el mundo, causar dolor, lastimar, le da placer que yo grite fuerte, desesperadamente mientras me la pone, y que yo haga aspavientos como si me doliera mucho, ” Ay Papi me matás, sacámela por favor, me estas rompiendo el orto ahhh paaaapí”. Ay Ayyyyyyyyyy. Si el tipo es sádico. Y yo soy buen actor. Lo exige el oficio. Además el me paga por eso. Me paga bien. El cliente siempre tiene razón-

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Agradezco los cariñosos comentarios en todos mis relatos. Es por esos comentarios por los que merece la pena continuar creando historias cada vez más trepidantes. Un besazo para todos.

Mi tío me había enseñado ya el sabor de la vida adulta. Él temía que, al ser yo tan joven, hacer algo más conmigo pudiese ser negativo para mí. Pero yo no quería ser virgen. Estaba loca por ser una mujer y no podía ni quería entender que en un hombre pudiesen más los reparos morales que la pasión hacia mí, que intentaba verme a mi misma como una chica bastante guapa y en la flor de la vida. A la mañana siguiente de aquella sesión en que me enseñó a chupar, me trató como si no hubiese pasado nada. No le sorprendí mirándome con lascivia ni ningún otro gesto erótico y anunció a mi madre que tenía pensado irse esa misma tarde.

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