Hacía bastante tiempo ya que mis hormonas estaban alborotadas al ver a mi prima, yo tenía 13 años y ella 21. Ella vivía con mis abuelos desde los catorce y yo me había ido a vivir con ellos hacia dos años, tiempo que llevábamos durmiendo en la misma cama, en una pieza sola que quedaba lejos de la de mis abuelos.
Esa noche esperé pacientemente que pasaran las horas… el bip que marcaba cada una de ellas sonaba en el reloj indicándome que ya eran las tres de la madrugada. Escuchaba su respiración profunda y extensa, sabía que estaba bien dormida y que tenía el sueño pesado, pero aun así fui muy cauto. Mi prima estaba de espaldas a mí, comencé por acomodarme y estirar mi mano lentamente, muy lentamente, como un felino acechando a su presa (ahora pienso que me habría resultado más fácil llegar y poner mi mano en su cuerpo, después de todo cuando uno duerme con alguien lo hace a cada rato y sin darse cuenta, pero no me atrevía).
Cuando llegué a rozar su muslo avancé milímetro a milímetro hasta poner toda mi mano en su pierna, me quedé así un rato, yo no respiraba pues la tensión era enorme. Luego la moví hasta llegar a su culito.
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