Era mes de Septiembre y de mala gana hacía la maleta en Madrid. Mis vacaciones tan esperadas habían sido canceladas por orden del manager general de la multinacional en la que trabajaba desde mi salida de la universidad, por esa razón y por ser la primera empresa que me dio una oportunidad me debía a ellos pero los extremos nunca son buenos y en este caso me quedaba sin vacaciones para ser destinado obligado a Marruecos por un período indefinido que en todo caso no sería inferior a tres años. Justificaron que yo fuera el señalado por las increíbles dotes en ingeniería, idiomas y ser el último en incorporarse al grupo empresarial.
El vuelo fue placentero, otra cosa no puedo negar. Volaba con una compañía marroquí y la verdad que me motivo bastante ver que sus azafatas no llevaban velo y lucían esplendida sonrisa, piernas bronceadas y la falda corta. Seguir leyendo este articulo »



