Roberto se metió bajo la ducha después del entrenamiento previo a uno de los partidos de futbol más importantes que iba a disputar en su corta carrera deportiva. El joven, de 20 años era el delantero titular de su equipo y después de unos pocos días en los que no se había encontrado del todo bien, el muchacho había recuperado sus buenas sensaciones.

Roberto no estaba contento tan solo por eso, sabía que al día siguiente habría numerosos ojeadores viéndole desde las gradas ya que era la máxima estrella de su equipo, lo único que no le gustaba del todo era el tener que jugar aquel importante encuentro fuera de su estadio y alejado de su afición, pero estaba seguro de que aquel detalle sería insignificante si al día siguiente se alzaba con la victoria.
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A este maravilloso hombre lo conocí en un cine de la ciudad. Yo había asistido porque era el único cine donde presentaban películas para adultos y a la vez se presentaban oportunidades de conocer a algún hombre interesante y sobre todo con grandes deseos de empiernarse.

Yo estaba muy distraída con las escenas de la película, deseando vivir lo que las protagonistas estaban mostrando en sus actuaciones, estaba plenamente embobada, pues ni sentí cuando un hombre de unos cuarenta y dos años se sentó junto a mí, de pronto y casi de reojo pude ver como él pasaba por detrás del respaldo de mi butaca su brazo, su mirada intensa y lujuriosa se clavo en mi rostro, como diciendo, aquí estoy junto a ti para darte lo que quieres. Voltee hacia él con una sonrisa en mis labios, hola le dije muy disimuladamente, él me contestó el saludo y rozó con su pierna la mía, sin dejar de observar mi rostro, para poder ver cuál sería mi reacción a su pequeño Seguir leyendo este articulo »