22 septiembre, 2010

Ahora este circo había cambiado de lugar, de nuevo, pero seguía siendo el mismo, con sus mismos artistas, y sus secretos. Como lo era el caso de Diana.

Habían pasado algunas semanas desde aquella noche, y las sensaciones aún eran muy presentes y cambiaban a cada instante. Del terror y asco, a la pasión y el deseo.

Por todos los medio posibles, Diana la equilibrista, había logrado evitar regresar a la zona de jaulas, tratando de no llamar la atención en esto y durante las funciones miraba recelosa a los cuatro chimpancés, que la habían poseído. Seguir leyendo este articulo »