8 enero, 2012

Miro el reloj ansiosa. He esperado éste día desde hace más de un mes y me aterra que algo lo eche a perder. La espero, atenta al sonido de sus llaves abriendo la puerta, sin dejar que nada me desconcentre del rostro que pondrá en cuanto me vea frente a ella en lugar de estar en el trabajo.

Abren la puerta, esas llaves deslizándose por la cerradura, me pongo mucho más nerviosa a ser posible, cierro los ojos un momento antes de que la puerta se abra por completo… y ahí está ella.

Se acerca a mí con una sonrisa en el rostro, llevando sus manos a mi cintura mientras mi boca busca la suya. Nuestros labios rozándose y yo sólo puedo pensar que en verdad es hermosa.
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30 septiembre, 2010

No es cualquier cosa tocar a una persona por primera vez. Es una de las cosas más perturbadoras que pueda vivirse. Pero tocar a una persona con la que se tuvo algo, después de que un largo tiempo ha pasado, es aún más perturbador. Y si, para empezar, esa persona nunca se nos entregó realmente, entonces la combinación puede ser en verdad abrumadora puede producirnos un verdadero deseo de que todo sea diferente esta vez, que este volver a tocarnos sea distinto, sea más real, sea recíproco, y a la vez nace esta autodefensa impuesta de ser yo quien no se entregue ahora, de no permitir por ningún medio que nada me hiera, que no queden cicatrices. Pero esa piel esa maldita piel esta impresa en mis recuerdos y mi cuerpo la recuerda entera. Cuando me encontré con Alicia fue de casualidad y hacia un año que no nos cruzábamos por nada, ni físicamente ni con llamadas telefónicas, ni mensajes de texto, no teníamos ni amigos ni lugares en común la vida nos había puesto juntas en una extraña fiesta y cuando lo nuestro terminó la misma vida nos separó completamente. Y ahora estaba acá frente a mi puerta mirándome, sonriéndome como si nada hubiese pasado. Seguir leyendo este articulo »

Soy una estudiante de universidad, tengo 19 años, vivo sola en un pequeño apartamento. Una tarde, tenía que hacer un trabajo con una de mis compañeras. Yo soy alta, de muy buen cuerpo, pelo negro y ojos cafés. Mi compañera, llamada Sandra es rubia, de ojos claros, tiene unos senos grandes y una cola muy llamativa.

Pasamos toda la tarde haciendo el trabajo y cuando terminamos ya era tarde para que se fuera sola, así que le dije que se podía quedar en mi casa, pero tendría que dormir en el sofá, ella estuvo de acuerdo. Como ya habíamos acabado, Sandra me dijo que si podía usar el computador y yo le dije que por supuesto. De inmediato entró a una página pornográfica y yo me hice la que no había visto nada. Luego me dijo- Quieres ver? A lo que le conteste – No gracias. Ella se di la vuelta y siguió mirando… mientras tanto, yo estaba mirando televisión, cuando la mire, noté que una de sus manos estaba por dentro de su pantalón, y que sorpresa me lleve cuando me di cuenta que estaba viendo porno lesbi. Traté de no prestar atención y simplemente le dije que me iba a bañar porque hacía calor, ella solo dijo que si y siguió en lo suyo.

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